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Madres de alquiler: Las amas de leche en Perú

Andrés Larco y su ama de leche (1895)

La maternidad es una de las experiencias más hermosas de la humanidad y las madres de hoy consideran una bendita satisfacción el tener que amamantar a sus propios bebés. Sin embargo,  lo que ahora es un derecho exclusivo de las propias madres, la lactancia de los hijos no fue concebida de la misma manera en la historia, incluso la maternidad era considerada una carga pesada que había que delegar a otras mujeres. En las sociedades pre-ilustradas era común que la madre no se haga cargo de la responsabilidad maternal de dar de lactar a su bebé y criarlo; por ello encargaban esa labor a las esclavas o sirvientas, a quienes se las denominaban “amas de leche” y/o “nodrizas”, a fin de evitar el desgaste fisiológico y la deformación corporal para mantenerse bellas y realizar otras actividades.

La maternidad delegada

A comienzos del virreinato peruano las mujeres indígenas se dedicaban a la crianza de primeros españoles americanos, a quienes daban de lactar con sus senos, y más adelante este trabajo fue realizado mayormente por mujeres esclavas y libres negras, mulatas, y por otras castas.[1] Este hecho, entre otras cosas, fue usado por los españoles ibéricos para justificar la superioridad que tenían frente a los criollos, debido a que “absorbieron” por medio de la leche los “defectos” de las naciones indígenas y africanas. Esta costumbre de lactancia por alquiler fue heredada de los europeos desde la Antigüedad, donde era normal que las mujeres de la aristocracia o acaudaladas contrataran los servicios de las mujeres campesinas para cumplir el deber de amamantar y alimentar a los bebés, incluso eran llevados a zonas rurales para que se hagan cargo.

Las leyes de la metrópoli española prohibieron el empleo de amas de leche a las mujeres moriscas, judías y heréticas, puesto que se creía que con la ingestión de la leche materna se transmitían determinadas ideas y costumbres al lactante. De ahí que las personas de mal temperamento y carácter son explicadas en la cultura popular por mamar “mala leche”. Cuando los niños de distinta madre tomaban la leche de una misma mujer eran denominados “hermanos de leche”. Como señala Claudia Rosas, estas expresiones, creencias e ideas sobre la lactancia y crianza de los niños formaron parte de la vida cotidiana y del discurso intelectual por mucho tiempo.[2]

Las ventajas de ser amas de leche y nodrizas

La costumbre de contratar a mujeres para amamantar a hijos ajenos tenía gran demanda en la época colonial y el siglo XIX; pero disminuyó en la primera mitad del siglo XX. Los periódicos constituyeron un terreno propagandístico para concretar la venta o alquiler de aquellas trabajadoras. Por ejemplo: El Diario de Lima (06/01/1791) decía: «Venta de dos criadas, una para ama de leche y otra para jornal, una mulata que sabe coser, planchar y lavar» y en El Comercio, (31/07/1856) se leía: «Se ofrece una ama de leche entera sana, de buenas costumbres y con garantías; en la fresquería plazuela de San Lázaro darán razón».

Anuncio del diario El Comercio, Lima 1904
Anuncio del diario El Comercio, Lima 1904

Claudia Rosas indica que el trabajo de amas de leche no se limitó siempre a la lactancia de los bebés, sino que también comprendía el cuidado durante los primeros años y podía prologarse por más tiempo. Una familia, no recurría necesariamente a una sola nodriza, sino que podían recurrir a varias, quienes se sucedían o turnaban para alimentar y cuidar a la criatura.[3] Un caso ilustrativo es el de Úrsula Suárez, quien tuvo 10 amas de leche que la amamantaron varios meses:

«[…] que desía mi madre las vestía de sarga y bayeta de Castilla y a más desto les daba plata adelantada y que luego marchaban. Yo quedaba enferma y mi madre lo estaba de un pecho apostemado, que este fue el trabajo de andar alquilado, porque  la primera ama, que era su esclava, se tuvo el reselo de estar preñada […]»[4]

Estas mujeres también eran contratadas en los hospitales y en los alberges de niños huérfanos. Por ende, las mujeres de recursos bajos vieron que el trabajo de amas de leche era una tarea fácil y rentable que les permitía salir de la miseria en que vivían o simplemente para subsistir. Algunas madres alquilaban los servicios de esclavas de otros dueños para dicho trabajo, ofreciendo oportunidades ventajosas a estas. El pago por lactancia de bebés y su crianza pro varios meses, posibilitó a las mujeres esclavas acumular dinero para comprar su libertad.

Las ventajas no eran sólo económicas, sino que también sociales. Los amos satisfechos por el trabajo de amamantamiento y cría de sus bebés otorgaban la libertad a sus esclavas. Según Carlos Aguirre, la manumisión graciosa (de gracias) demuestra el afecto y gratitud que enmarca la convivencia entre amos y esclavos. Por ejemplo: Camila Vásquez recibió de su ama Manuela Torres la manumisión por sus servicios y el haberle criado a varios hijos; Juana Vivas fue comprada para criar la hija de sus amos y, cuando creció Manuela Pimentel, demostró su gratitud con su nodriza otorgándole su libertad.[5]

Discursos ilustrados sobre las amas de leche

Desde el siglo XVIII, los intelectuales y científicos influenciados por la Ilustración fueron definiendo el protagonismo de la mujer en la formación de la familia y su aporte en el forjamiento de una nueva sociedad. Los periódicos provocaron un efecto revolucionario en el sistema de comunicaciones, dado que suministraron una lectura continua y simultánea sobre temas a los cuales se buscaba estimular la discusión. A finales de aquel siglo, sólo tres periódicos centraron su atención en inculcar los modelos de la familia ideal: el Diario de Lima, el Semanario Crítico y el Mercurio Peruano.

El Diario de Lima (1790-1792), periódico editado por Francisco Antonio Cabello y Mesa (conocido como Jaime Bauste y Mesa), se dedicó a temas diversos, especialmente morales mediante disertaciones, cartas supuestamente reales y poemas. No hubo en este periódico un rechazo tajante respecto a las actividades de amas de leches, puesto que sus páginas anunciaban la compra, venta y alquiler de estas. El Semanario Crítico (1791), editado y redactado por fray Juan Antonio de Olavarrieta, dirigió su atención a todos los sectores de la sociedad, donde ponía al alcance la “plebe” las ideas de la ilustración y se oponía al periodismo local, expresando su divergencia en el modelo de sociedad que intentaba inculcar. El Mercurio Peruano (1791-1795), editado por la Sociedad Académica Amantes del País, abordó asuntos sobre el conocimiento de los diversos aspectos de la realidad del país y manejaba los grandes temas de la Ilustración, orientándose al grupo dirigente de la sociedad colonial.

El más destacado mercurista sobre temas de la maternidad, desde la perspectiva científica, fue el médico Hipólito Unanue, quien era muy enfático en la importancia de la leche materna en la alimentación de los recién nacidos. En su libro Observaciones sobre el clima del Lima y sus influencias en los seres organizados (1812) define a la leche como «substancia media entre el vegetal y el animal» y así «se digiere y nutre con facilidad los cuerpos tiernos de los infantes», siendo importante la primera leche materna para ayudar a descargar los intestinos del bebé, y debe «empezar á mamar: de las seis á lás doce horas del parto, en que ya la madre está algo repuesta» y «no es útil tener a los niños sin mamar muchas horas». Unanue recomienda la lactancia hecha por la propia madre; pero si no es posible, señala las características que debe cumplir su suplente:

«Si le ha de criar alguna nutriz á la que llamamos ama, elíjase ésta de edad de 25 á 30 años, sana, que tenga la cútis limpia, de una índole tranquíla, y de las mejores costumbres: que su leche sea abundante, blanca, sin olor, que el gusto no sea salado sino dulce, que la leche sea delgada, que se diluya fácilmente en el agua, y que echada una gota en el ojo no le lastime».[6]

Uno de los principales críticos contra las actividades de las amas de leche fue fray Juan Antonio de Olavarrieta en sus páginas del Semanario Critico. El tema de lactancia materna fue un tema meticulosamente desarrollado por este autor y expresó en muchas publicaciones su oposición a la contratación de amas de leche. Disertaba que tener amas de leche era «desviado de la razón”, pues «Dios, la Naturaleza misma y la Humanidad contribuyen á la subsistencia y conservación de las criaturas racionales», por tal motivo era una «culpa letal en las madres la omisión de criar a sus pechos los propios hijos». Asimismo, el autor planteó la lactancia materna como una obligación moral y religiosa, al punto de “pecar mortalmente” las mujeres que lo hicieran.[7] Incluso se acusó a las nodrizas de inculcar a los bebes de creencias y costumbres supersticiosas, hablándoles «toda clases de patrañas», como duendes, diablos y brujas.

Como señala Claudia Rosas, las nodrizas ejercieron la función de mediadoras culturales, que en la perspectiva de los ilustrados, era peligrosa, dado que los niños podían adoptar costumbres de la cultura africana y popular. Este rol de mediadoras establecía una suerte de puente entre las capas superiores e inferiores.[8] Scarlett O’Phelan indica que la élite tenía una imagen negativa de los sectores más bajos de la sociedad, denominados “plebe”, por considerarlos proclives al ocio, el robo, la violencia, la insubordinación y a la perturbación del orden social.[9]

Andrés Larco y su ama de leche (ca. 1895)
Andrés Larco y su ama de leche (ca. 1895). Fuente: Jonatan Saona

La nueva idea de maternidad y privacidad

La familia, como la concebimos en la actualidad, fue una construcción europea del siglo XVIII. Anteriormente, las familias peruanas estaban compuestas por parientes de diferentes grados de consanguineidad y personas que trabajaban para ellas, es decir familias extensas, tanto para los estratos altos y como bajos. En este contexto, las amas de leche y nodrizas participaron de la vida familiar de sus jefes.[10] Como afirma Claudia Rosas, en el siglo de las Luces apareció en Europa un nuevo concepto y praxis de la familia, surgiendo un ideal de familia centrado fundamentalmente en la familia nuclear (una pareja con sus hijos), donde debe reinar la privacidad y la clara diferencia con el espacio público. Con ello, se definen los roles de varones y mujeres: a ellos se está reservados el ámbito público y a ellas se las restringía al hogar y al cuidado de los hijos. De este modo, a las mujeres se les exaltaba su función de maternidad como centro gravitante de sus vidas.[11]

Este nuevo ideal de familia nuclear se da en Hispanoamérica más tarde y en forma distinta  que en Europa. A pesar de que la prensa de finales del siglo XVIII postulaba los principios de la familia nuclear y la importancia de la maternidad, el tipo de familia tradicional se mantuvo hasta la segunda mitad del siglo XIX, debido a las estructuras jerárquicas heredadas del Coloniaje y la presencia de la esclavitud.


 Citas:

[1]  Lavallé, Bernard (1993). Promesas ambiguas. Ensayos sobre criollismo colonial en los Andes. Lima: IRA, p. 48.

[2]  Rosas Lauro, Claudia (2005). “La visión ilustrada de las amas de leche negras y mulatas en el ámbito familiar (Lima, siglo XVIII). En Passeurs, mediadores culturales y agentes de la primera globalización en el Mundo Ibérico, siglos XVI-XIX. Lima: IRA-IFEA, pp. 312-313.

[3]  Rosas Lauro, Claudia. “La visión ilustrada…”, p. 325.

[4]  Salinas, Cecilia (1994). Las chilenas de la Colonia. Virtud sumisa, amor rebelde. Santiago: Lom Ediciones, pp. 42-43.

[5]  Aguirre, Carlos (1993). Agentes de su propia libertad. Los esclavos de Lima y la desintegración de la esclavitud, 1821-1854. Lima: PUCP, p. 151.

[6]  Unanue, Hipólito (1812). El clima de Lima y su influencia en los seres organizados, en especial el hombre. Lima: Imprenta Real de los Huérfanos, p. 147.

[7]  Zegarra, Margarita (2005). “Olavarrieta, la familia ilustrada y la lactancia materna”. En: Passeurs, mediadores culturales y agentes de la primera globalización en el Mundo Ibérico, siglos XVI-XIX. Lima: IRA-IFEA, pp. 367-368.

[8]  Rosas Lauro, Claudia, “Una visión ilustrada…” p. 339.

[9]  O’Phelan Godoy, Scarlett (2005). “La construcción del miedo a la plebe en el siglo XVIII a través de las rebeliones sociales”. En Rosas Lauro, Claudia (ed.). El miedo en el Perú. Siglos XVI al XX (ed.). Lima: SIDEA-PUCP, p. 124.

[10]  Zegarra, Margarita (2001). “La construcción de la madre y de la familia sentimental. Una visión del tema a través del Mercurio Peruano”. Histórica, Lima, vol. XXV, n° 1.

[11]  Rosas Lauro, Claudia. “Una visión ilustrada…” pp. 327-328.

Autor: Juan Carlos Chávez Marquina

Licenciado en Historia por la Universidad Nacional de Trujillo. Cursa estudios de Maestría en Gestión Cultural, Patrimonio y Turismo en la Universidad de San Martín de Porres. Tiene estudios en Tecnologías de la Información y Comunicación. Trabajó como historiador en la Dirección Desconcentrada de Cultura de La Libertad. E-mail: jc.chavez@truxillo.pe

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